PERTENECE A LOS NIÑOS QUE FUIMOS:
Las tórridas tardes de verano y los interminables baños en el río gozando y compartiendo con amigos.
Los soleados días y la mateada en la costa mirando el lomo amarronado del plata.
La tibieza del acuoso refugio en la tormenta tropical y la lluvia picando en el cuerpo y marcando con gélidas gotas a nuestra humanidad superficial.
Y la esperanza de poder quedarnos hasta el infinito sumergidos o nadando en el tibio lecho, o viviendo en su ribera, o comiendo de sus entrañas, o bebiendo de su cuenco.
ES PROPIEDAD DE LOS NIÑOS QUE SON:
De la Comunidad de la Escuela 15 y por ello piden que la humanidad deje que el río sea río y no un lecho de otras cosas que no fueren tierra, arena, vegetales, agua, pájaros y cielo.
De los que viviendo a unos metros del monte o en medio de la pampa, en la escuela le han enseñado como es eso a lo que se le llama río,... y que no habiendolo visto aún esperan algún día, conocer (y disfrutar).
SE LO DEBEMOS A LOS NIÑOS QUE SERAN:
Para los que debemos asumir el compromiso de preservar, para hacerlos compartir, desde esa platea preferencia que es la costa del río, el supremo espectáculo que ofrece esta única e irrepetible (del mundo y quizás del universo) porción de ecosistema.
EEL
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